Archivos Mensuales: abril 2012

El síndrome de Gollum: cuando el miedo a que te roben tu idea lleva a no emprender

Uno de los temores más frecuentes a la hora de llevar a cabo una idea de negocio es el miedo a que otros te la roben y terminen llevándola a la práctica antes que tú. Quien lo padece se muestra muy reacio a buscar asesoramiento para elaborar su plan de negocio, a pedir opiniones respecto a las ventajas e inconvenientes que pueda tener su proyecto o a apoyarse en colaboradores externos que le ayuden a desarrollar su empresa. La consecuencia de todo esto es que la mayoría de quienes así lo ven termina sufriendo el denominado síndrome de Gollum, actuando ante su idea de negocio de la misma forma que la criatura de El Señor de los Anillos lo hacía con el famoso anillo, al que consideraba un tesoro que debía guardar y alejarlo de cualquier extraño. Los principales síntomas de este comportamiento podrían resumirse de la siguiente forma:

1- Considerar tu idea de negocio como un tesoro que hay que proteger de cualquier intromisión
2- Pensar que esa idea es tan revolucionaria que nadie debe conocerla para evitar que te la roben
3- Alejarte de otros emprendedores, pensando que éstos siempre andan al acecho para utilizar las ideas de terceros
4- No buscar opiniones ni consejos dentro del sector
5- No rodearte de nadie más experto que tú ni con más capacidades que pueda arrebatártela

Si sufres este síndrome, nunca serás un emprendedor. Entre otras cosas porque, al igual que Gollum con su anillo, terminarás guardando con tanto ahínco tu idea de negocio y recelarás tanto de buscar colaboradores y asesores que nunca la llevarás a cabo. Y una idea de negocio sólo se convierte en un tesoro cuando se transforma en una actividad económica que da sus frutos. Quizás pienses que en el fondo no necesitas a nadie para sacarle rendimiento a tu idea, que tú solo eres capaz de quitarte el síndrome de Gollum y montar tu negocio. En ese caso lo más probable es que acabes padeciendo las consecuencias del emprendedor orquesta y tengas que echar el cierre a tu empresa antes de cumplir el primer año en el mercado. Y como no tendrás a nadie con quien valorar qué es lo que ha fallado y aprender de los errores, es fácil que termines asumiendo tu fracaso como una derrota definitiva.

Antes de padecer el síndrome de Gollum piensa que lo más práctico es rodearte de tu “comunidad del anillo” particular, contando con la experiencia, el saber hacer, los conocimientos y el talento de aquellos asesores y colaboradores que pueden ayudarte a transformar tu idea de negocio en un verdadero tesoro.

El dilema del emprendedor novel: ¿me hago autónomo o constituyo una empresa?

Supongamos que has decidido dar el paso y trasladar esa idea que lleva un tiempo rondándote la cabeza al mercado. Quieres hacerte emprendedor y montar un pequeño negocio propio. Pero ahora te asalta la duda: ¿me hago autónomo sin más o constituyo una empresa? Pues bien, para aclararte las ideas vamos a exponer a continuación cuáles serían las ventajas, inconvenientes y equivalencias entre apostar por una u otra fórmula.

1- NO ES CUESTIÓN DE DINERO: La teoría nos dice que para ser autónomo no hace falta tener un euro en el bolsillo. Basta con dar de alta la actividad económica en Hacienda e inscribirse en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos de la Seguridad Social. Sin embargo, para constituir una empresa como Sociedad Limitada o Sociedad Limitada Unipersonal (en el caso de que seas el único socio de la compañía) es necesario desembolsar un capital social mínimo de 3.005 euros con 6 céntimos. Llegados a este punto pensarás que si no dispones de mucho dinero lo mejor es empezar siendo autónomo, pero en este blog ya te explicamos que es posible montar una empresa sin necesidad de poner un euro. ¿Conclusión? El dinero que tengas disponible no es un criterio válido para elegir entre ser autónomo o ser una S.L.

2- LAS EXIGENCIAS LEGALES: A la hora de llevar las cuentas de tu negocio sí que vas a encontrar diferencias siendo autónomo o siendo empresa. Los primeros no están obligados a presentar sus cuentas ante ningún organismo, mientras que las segundas deben llevar la contabilidad de una manera estandarizada y regulada. Además, tienen la obligación de publicar sus cuentas anuales en el Registro Mercantil. Tú sabes de vender tu producto, pero no sabes de números. ¿Te conviene por ello ser autónomo? Pues tampoco, porque llevar el registro contable de una sociedad limitada no requiere mucho esfuerzo y, además, en el caso de que no quieras perder tiempo, existen numerosos servicios de asesoría y gestión. Los que nosotros ofrecemos cuentan con el valor añadido de un tutor personal que te guiará a la hora de tomar decisiones estratégicas. La calculadora tampoco sirve como elemento de juicio.

3- LOS AUTÓNOMOS TAMBIÉN PUEDEN CONTRATAR: Otra de las dudas más frecuentas es el número de personas que van a colaborar contigo. Muchos emprendedores piensan que si van a realizar su actividad en solitario la mejor opción es hacerse autónomo, mientras que si van a contratar a varios empleados tendrán que constituirse como empresa. ¿Es así? Pues no. Un autónomo puede contratar a cuantos empleados quiera en las mismas condiciones que una empresa. Lo que sí es cierto es que, dependiendo de las personas que vayas a tener a tu cargo, quizás te convenga más ser una empresa. Pero no por el número de empleados sino por el volumen de ingresos que tendrá tu actividad, como veremos en el siguiente punto.

4- EL TRUCO DEL IMPUESTO: La clave para elegir una fórmula u otra está en los ingresos que vaya a generar tu negocio. ¿Qué más da si se ingresa de una forma o de otra si el dinero es el mismo? Pues no es igual, ya que la fiscalidad cambia. A la hora de presentarse ante Hacienda, los autónomos se rigen por el IRPF, al ser personas físicas. Las empresas, como entidades jurídicas, lo hacen por el impuesto de Sociedades. ¿Y qué cambia? Pues mucho, porque los tramos impositivos son diferentes. Pongamos por ejemplo que tenemos un autónomo y una sociedad limitada cuyo beneficio ha sido de 50.000 euros. ¿Cuánto pagan a Hacienda? El primero deberá tributar al 37 por ciento según el régimen de estimación directa, ya que esos 50.000 euros figuran en el tercer tramo del impuesto de la Renta. El segundo, en cambio, lo hará al 25 por ciento o incluso al 20 por ciento si la empresa cumple determinadas características (tener ingresos por debajo de los 5 millones, no superar en plantilla los 25 empleados y no destruir empleo durante el año fiscal).

5- QUE NO SE LLEVEN MI CASA: Pongámonos ahora en una situación de riesgo. ¿Qué pasa si mi actividad se va a pique y tengo una deuda con proveedores y bancos que no puedo saldar? En una empresa la responsabilidad está limitada a su capital social (el mínimo de 3.005 euros del que hablábamos en el primero punto), mientras que un autónomo responde ante las deudas de su actividad con todo su patrimonio personal. Es decir, que existe el riesgo de que te embarguen el coche y la casa si tu negocio quiebra. Hay algunos resquicios legales que pueden evitar esto, pero si para iniciar tu actividad necesitas solicitar una buena inyección de financiación ajena, lo más recomendable es constituirte como empresa.

6- EN BUSCA DE FINANCIACIÓN: Si el dinero que necesitas para comenzar tu actividad lo pones tú mismo, no te hace falta seguir leyendo este punto. Pero si vas a acudir a financiación ajena, debes tener en cuenta que, dependiendo de la puerta a la que llames, tendrás que iniciar el negocio como autónomo o como empresa. Así, si pides un crédito bancario tu entidad te exigirá una serie de avales. Un autónomo siempre podrá poner como garantía del préstamo su patrimonio personal (la casa, el coche, una finca en el pueblo…). Pero si lo que buscas es un inversor privado, una sociedad de capital riesgo o un business angel, lo más probable es que ninguna de estas figuras quiera saber nada de ti si no acudes a ellas bajo la fórmula de una sociedad mercantil.

7- ¿SE PUEDE CAMBIAR DE BANDO?: Pongamos por caso que has comenzado como autónomo y llega un momento en que tu negocio crece a tal ritmo que ahora descubres que te compensa más ser una empresa. O viceversa. ¿Se puede cambiar? Pues sí, se puede, aunque para unos es más fácil que para otros. Un autónomo puede constituir una sociedad limitada en cualquier momento. Tan sólo basta realizar un par de trámites burocráticos. Para una empresa la cosa es más complicada, ya que es necesario extinguir la actividad y liquidar la compañía a la hora de formalizar su cierre.

¿Cuál es entonces la conclusión? Que si tienes previsto que tus ingresos iniciales no sean muy altos y no te vas a asociar con nadie, es mejor empezar como autónomo y dar el salto a empresa más adelante. En cambio, si desde el primer momento tienes una alta perspectiva de crecimiento, vas a realizar un elevado número de operaciones, vas a acudir a rondas de inversión y esperas obtener un beneficio neto por encima de los 40.000 euros, te compensará más constituirte como empresa.

¿Y si hacemos una colecta para financiar un proyecto emprendedor?

Seguro que más de una vez se te ha ocurrido una idea de negocio, la has ido puliendo, has valorado los pros y los contras, se la has comentado a tus familiares, amigos y vecinos… y todo el mundo te dice que es estupenda. Pero a la hora de buscar financiación, resulta que los bancos te ponen el listón de los avales muy alto o que ese inversor al que intentas convencer para que aporte 100.000 euros a tu negocio no termina de atreverse. ¿Qué puedes hacer? Pues sacar dinero de esos familiares, amigos, vecinos o gente anónima que tan entusiasmados estaban con tu idea. En eso precisamente es en lo que consiste el crowdfunding, una modalidad de financiación colectiva a la que cada vez se acogen más emprendedores para buscar recursos económicos.

Sobre el papel funciona igual que las colectas con las que recaudar fondos para una acción benéfica o el cepillo de la Iglesia. Tú expones tu idea, señalas cuál es la cantidad de dinero que necesitas para ponerla en marcha y esperas que la gente a la que le convence el proyecto haga sus aportaciones, dando cada uno lo que crea conveniente. Quizás nadie te preste los 100.000 euros que necesitas de golpe, pero sumando muchos pequeños inversores puedes llegar a cubrir esta cantidad, y además te garantizas el interés de un colectivo que hablará de ti proporcionándote publicidad y clientes. Así lo hizo un grupo de jóvenes productores cuando tantearon cómo obtener los fondos necesarios para hacer una película. Y así es lo que están haciendo muchos otros emprendedores. Incluso algunos grupos de música hacen sus colectas de inversión para poder producir sus álbumes.

¿Cómo funciona esto del crowdfunding? La clave está en Internet. Porque tú puedes convencer a tus vecinos, tus familiares o tus amigos, pero gracias a la Red puedes llegar a más gente interesada en tu proyecto. Actualmente existen varias plataformas online donde presentar tu idea de negocio. Los usuarios entran en ellas, examinan qué tipo de proyectos buscan financiación colectiva y, cuando alguno de ellos les interesa, proceden a realizar una aportación en la propia web desde 1 euro a la cantidad que cada uno quiera invertir. Una vez cubierta la cantidad necesaria, ya tienes a tu disposición el dinero con el que lanzar tu empresa, tal y como hizo un grupo de investigadores de la Universidad de Sevilla recaudó fondos para el diseño de un computador biológico.

Las ventajas son evidentes, ya que por un lado no dependes de las condiciones que te fije una entidad financiera y, por otro, puedes acceder a un número muy elevado de posibles inversores más allá del circuito de los business angels o el capital riesgo. Prácticamente cualquier internauta es un posible inversor. Pero no olvides que quien pone su dinero también espera recibir algo a cambio y, si no defines bien qué tipo de recompensa vas a ofrecer, acabarás encontrándote con más de un problema. En función de las aportaciones que realicen tus inversores puedes establecer diferentes tipos de remuneración: una cesta de productos para quienes te han dado pequeñas aportaciones, una participación en la compañía para los que superen una cierta cantidad, o un porcentaje de los beneficios a partir de inversiones mayores.

El emprendedor ante el fracaso: o cómo dejar de quejarse como Homer Simpson y convertirse en Batman

El miedo al fracaso es uno de los principales lastres que sufren los emprendedores españoles y el motivo por el que muchos deciden no lanzarse a la aventura de transformar su idea en negocio. “¿Y si me equivoco, qué?”, se preguntan. Incluso existe en la sociedad el estigma de que cerrar una empresa que apenas comienza a operar en el mercado es síntoma de incapacidad para gestionar un negocio, y probablemente una razón para no volver a poner en marcha un proyecto empresarial, no vaya a ser que la etiqueta de fracasado cuelgue de manera perenne. Si eres de los que piensan que ante el tropiezo es mejor no volver a intentarlo, probablemente tengas la actitud emprendedora de Homer Simpson, que se resume en el siguiente video:

Este tipo de comportamiento es el que lleva a asumir el fracaso empresarial como una huella imborrable que es necesario olvidar lo antes posible para dedicarse a otra cosa. Al fin y al cabo, como empresario las cosas han salido mal. ¿Por qué volver a intentarlo? Pero existe otra manera de abordar el problema, y consiste en darle la vuelta a esta última pregunta: ¿Por qué no voy a volver a intentarlo si ya sé dónde he tropezado? Ésta es la actitud emprendedora de Batman, y consiste en aprovechar los fallos para saber qué es lo que se ha hecho mal y aprender a no cometerlos:

Llegados a este punto puede que pienses que ser un Batman de los negocios es una utopía, una actitud que queda muy bien en los manuales de coaching y motivación de las escuelas de negocio, pero que choca con la cruda realidad. Si es así tal vez necesites conocer algunos ejemplos de gente que, gracias a su predilección por Batman antes que por Homer Simpson, han sabido transformar la derrota en una lección práctica que les permitiera llevar su siguiente aventura empresarial a buen puerto. Fue lo que le pasó a Juan Carlos Herrero, un profesional del sector sanitario al que se le encendió la bombilla cuando vio el gasto que tienen los hospitales españoles en pilas: “Parece que se las comen”. De ahí que pensara en hacer negocio como intermediario: “Pujé por ganar un contrato con un fabricante para ser proveedor de pilas a los hospitales. Yo pensaba que, si en la tienda costaban 30 y a mí me valían 10, iba a ser un negocio redondo. Pero nunca imaginé lo que pesa un palé de pilas y lo que cuesta transportarlo”. Lejos de lamentarse con resignación como Homer Simpson en la bañera, sacó provecho de la lección para su siguiente empresa.

Este emprendedor fue uno de los protagonistas de una de las mesas redondas que más atención acaparó en la I edición del Salón Miempresa, que precisamente giraba en torno a los errores que algunos emprendedores habían cometido… y lo que aprendieron de ellos. De ahí que en la segunda edición de este evento, celebrado hace unas semanas, se celebrara una nueva mesa redonda con el fracaso empresarial como tema de discusión, con ejemplos y lecciones útiles de todo tipo. ¿Por qué tener miedo a equivocarse cuando cometer errores es el mejor camino para aprender? Batman lo sabe.

No te conformes con una asesoría, pide un tutor para tu negocio

Si tienes en mente poner en marcha un negocio seguro que ya has previsto que vas a necesitar una línea telefónica y un correo electrónico. Sin embargo, ¿a que no vas a ponerte a crear un operador propio de telefonía que te permita disponer de ambos servicios? Te supondría un elevado coste de tiempo y recursos en algo que no va a formar parte de tu actividad principal. Para eso ya hay otros operadores en el mercado que se dedican a estas cosas y a los que puedes contratarles el servicio de línea telefónica y olvidarte del tema. Así puedes centrarte en lo que de verdad es el núcleo central de tu negocio.

Con los servicios de asesoramiento sucede lo mismo. Existen numerosas áreas que no constituyen la parte estratégica de un negocio y en las que, sin embargo, muchos emprendedores pierden demasiado tiempo. Son tareas relacionadas con la fiscalidad, el pago de impuestos, las nóminas, los sistemas de contratación a proveedores, el cobro de facturas… Para eso también existen servicios externos de consultoría que pueden encargarse de todas estas tareas para que tú dediques tu tiempo a lo que verdaderamente importa.

Pero no todos los servicios externos son iguales. Siguiendo con el ejemplo del primer párrafo, imagina un operador de telefonía que te visitara todos los meses para conocer tus necesidades e inquietudes, que revisara los horarios y duración de tus llamadas para ofrecerte las tarifas que mejor se adaptan a tu actividad; un operador que creara un servicio propio ajustado a tu negocio, que te aconsejara, te orientara y estuviera pendiente de ti. Todo eso, trasladado al mundo de las asesorías de empresa, es lo que ha creado Contygo con su servicio de asesoramiento personalizado para pymes y emprendedores. Lo que te ofrecemos es una consultoría empresarial a la medida de tus necesidades, con visitas periódicas de un asesor y un seguimiento individualizado de tu empresa.

Tener un tutor que asesore tu proyecto empresarial de forma personalizada y sepa orientarte a partir de las necesidades que tenga tu propio negocio es algo que hasta ahora sólo podían permitirse las grandes corporaciones. Sin embargo, son las pymes quienes más necesitan este tipo de servicios, debido a que no disponen de tiempo y recursos suficientes para destinarlos a estas áreas. Por eso en Contygo hemos creado este servicio personalizado para emprendedores, pymes y autónomos, para que puedas centrarte en tu actividad sin preocuparte de otras tareas. Ahora puedes elegir entre pagar a una asesoría para que lleve tus cuentas, o tener a tu disposición un tutor que te explique cuál es el sistema de pago a proveedores que mejor se adapta a tu negocio, cómo puedes obtener las mejores fuentes de financiación o de qué forma solucionar la gestión de cobro de tus facturas.