Parece que el rescate financiero para España es inminente, que tan sólo es cuestión de tiempo: unos días o unas horas. Incluso puede que mientras lees este artículo ya se hayan cerrado los términos en los que llegará el dinero procedente de Europa. Ahora bien, ¿cómo te gustaría que le pillara esta operación a tu empresa? Si no te has hecho todavía esta pregunta es que hace tiempo que te decidiste por dos opciones:
- A) No hacer nada hasta ver cómo queda la cosa tras el rescate, no vaya a ser que termines metiendo la pata tal y como están las cosas.
- B) Continuar con tu proyecto emprendedor y tratar de mejorar tu pyme sin esperar que nadie venga a solucionarte los problemas.
Si elegiste la opción A eres ese náufrago de las películas que, cuando llega el barco de rescate a sacarlo del agua, resulta que ya se ha ahogado. Si elegiste la B al menos ya estás intentando nadar para mejorar tu situación, en lugar de quedarte quieto en mitad del océano confiando que las corrientes, un barco mercante que pase por allí de casualidad o la suerte divina te rescaten. Y puede que con ese espíritu de querer salir cuanto antes del agua consigas llegar a la playa o encuentres un trozo de madera al que aferrarte para seguir a flote antes de que los guardacostas se limiten a sacar tu cadáver del agua.
Ya lo dijimos hace unas semanas en este mismo blog cuando hablábamos de las similitudes entre la gestión de una pyme y una carrera en bicicleta. Cuando llega un puerto de montaña no pedalear no es una opción: por duro, cansado y esforzado que sea sólo los que siguen dando pedales se mantienen en carrera. Quienes no lo hacen acaban abandonando la prueba.
Retomando la metáfora del rescate financiero y el rescate tras un naufragio, quienes tratan de encontrar lo antes posible la mejor manera de salir del agua son los que tienen más posibilidades de supervivencia. Por duro, cansado y esforzado que sea nadar hacia la costa, siempre será mejor que esperar a que pase el barco de rescate. Porque puede que cuando éste llegue, ya sea tarde. Si Tom Hanks hubiese elegido la opción A en lugar de construir una balsa y abandonar la isla en la que acabó tras el accidente de su avión, la película Náufrago no habría terminado con el protagonista de vuelta a la civilización, sino que aún seguiría hablándole a un balón de voleibol y quemado por el sol.
Así que, cuando llegue el rescate financiero para España, que al menos no te pille ahogándote, sino emprendiendo y apostando por un plan para salir adelante.
