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Mujeres y también emprendedoras.

8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

El último informe de GEM (Global Entrepreneurship Monitor), iniciativa de London Business School y Babson College (Estados Unidos) a la que se unió posteriormente el IE Business School, que analiza la creación de empresas, revela que la tasa de actividad emprendedora femenina empieza a repuntar después de una importante caída al inicio de la crisis.

En tiempos previos a la crisis y hasta 2008, la tasa de emprendimiento femenino rondaba el 6%. Los años posteriores han sido pésimos y la tasa ha llegado a caer al 3%. Sin embargo, y como el temporal parece que no amaina, las mujeres están buscándose la vida por su cuenta. El último dato disponible del informe de GEM (Global Entrepreneurship Monitor) refleja que se está reactivando la creación de empresas por parte de las mujeres: en 2011 la tasa llegó al 4,54%.

La explicación que ofrecen los expertos que han realizado el citado estudio sitúa la caída de ese espíritu emprendedor en la incertidumbre del entorno y en el hecho de que la mayoría de los negocios abiertos por mujeres al ser de tamaño pequeño se financian con recursos propios y de su entorno más cercano. Como la crisis se prolonga más de lo deseado y el paro crece, “se refuerza el ánimo de arriesgarse a apostar por una nueva aventura”.

Por otro lado, las mujeres al no tener otra alternativa laboral buscan en el autoempleo una motivación, además del deseo de contribuir a los ingresos familiares. El perfil de la emprendedora, salvo excepciones y según un estudio realizado por la investigadora del Instituto de Iniciativa Emprendedora de Esade, Maika Valencia, es de una mujer de 38 años, casada con hijos y motivada por autoemplearse. “Este retrato coincide con el de la emprendedora en países con elevados ingresos”.

El 65% de las emprendedoras tiene una formación superior y el 35% cuenta con estudios medios. Otro dato que Valencia destaca es que “la mayoría de las iniciativas las desarrollan mujeres en compañía de algún socio y nunca en solitario”. Además del elevado nivel formativo, esta experta resalta el apoyo familiar a la hora de crear un negocio. Y, al contrario de lo que sucede en Estados Unidos, cuyo principal objetivo de la mujer emprendedora es crear un negocio que genere millones, en España lo más importante es sentirse útiles y apoyar la economía familiar. Uno de los principales obstáculos, reconoce la docente de Esade, es el desconocimiento que tienen para acceder a fuentes de financiación. “Sería bueno que los business angel o los fondos se abrieran a las mujeres”, añade.

 

Fuente: Cinco Días by Paz Alvarez

El emprendedor y sus mitos: ni son aventureros solitarios ni millonarios que vuelan

En los últimos tiempos el término emprendedor se ha puesto de moda. Que si los emprendedores son los que pueden solucionar el problema del paro, que si la clave para salir de la crisis pasa por ayudarles, que si son trabajadores incansables, que si están hechos de una pasta especial… Tan de moda se han puesto que no han tardado en aparecer una serie de mitos y leyendas en torno a esta figura. ¿Pero qué es exactamente un emprendedor? ¿Qué cualidades hay que tener para ser uno de ellos? ¿Es necesario haber estudiado en las mejores escuelas de negocio y contar con una cuenta corriente llena de ceros para montar una empresa? A continuación queremos desmontar algunos mitos y prejuicios que existen alrededor de los emprendedores y su mundo.

“Para ser emprendedor hay que haber estudiado mucho sobre empresas y economía”.

Falso. Es cierto que algunos licenciados en empresariales y estudiantes de un master en administración de negocios (MBA) terminan montando su propio negocio. Pero eso no significa que para crear una empresa haga falta una acumulación de títulos y másters. De hecho la mayoría de las start-ups de éxito cuentan con socios fundadores que provienen de otras áreas de conocimiento: doctores en medicina que terminan montando una empresa tecnológica, licenciados en informática que crean una start-up de promoción de eventos, estudiantes de historia del arte que deciden montar una consultora de importaciones de productos chinos…

“Si ya tienes cierta edad no puedes ser emprendedor”.

Falso. El éxito de Mark Zuckerberg y otros emprendedores que se han hecho millonarios antes de cumplir los 25 años ha servido para incentivar el mito de que, para montar una empresa de éxito, hay que ser joven. Pero esto no es cierto. Es más, una persona de 40 ó 45 años contará con un grado de experiencia, conocimientos adquiridos y contactos que le harán más sencilla su entrada en el mercado con una empresa nueva que un chaval de 20 años. Sí es cierto que normalmente son los más jóvenes quienen tienen menos aversión al riesgo y, por tanto, suelen lanzarse con menos temor al ruedo del emprendimiento. Pero las ideas de negocio no entienden de edades. Como ya te dijimos en su día: el acné o las canas no son excusa para no emprender.

“Sólo se puede triunfar como emprendedor si tienes un producto nuevo y revolucionario”.

Falso. La mayoría de las empresas que llegan al mercado no lo hacen para aportar nuevos productos, sino nuevas formas de vender los productos que ya existen. Piensa por un momento en el iPod de Apple. Antes de que se vendiera como churros ya existían otros reproductores digitales de bolsillo. Lo que Apple aportó fue un nuevo concepto de reproductor. Además, los productos que son absolutamente novedosos suelen tener más dificultades de aceptación entre los consumidores.

“Los emprendedores son tipos solitarios que hacen frente a toda clase de obstáculos”.

Falso. Para montar tu propio negocio vas a tener que dedicarle muchas horas y esfuerzo, pero un emprendedor tampoco es un ser mitológico que vuele, escupa fuego por la boca y ande en solitario en busca de dragones a los que vencer. El networking es su gran aliado y por eso casi siempre anda participando en eventos, conferencias y talleres prácticos sobre pymes y gestión de empresas. Cuantos más conocimientos y sinergias comparten, más ideas se les ocurren y más aliados encuentran para llevarlas a cabo.

“Si no tienes enchufe para conseguir financiación no puedes emprender”.

Falso. Por mucho enchufe que tengas los inversores privados, business angels y empresas de capital riesgo no son tontos cuando ponen su dinero en tal o cual proyecto. Siempre buscan aquel que tiene un potencial de rentabilidad muy interesante, así que si tu vecino ha montado una start-up y acaba de conseguir una ronda de financiación de medio millón de euros, seguramente sea porque alguien piensa que su idea es rentable.

“Un emprendedor es un millonario que, como tiene dinero, puede arriesgarlo en este tipo de cosas”.

Falso. Para constituir una sociedad limitada no hace falta tener mucho dinero en el bolsillo. Puede que en alguna revista del corazón hayas leído que el hijo de tal o cual famoso ha montado una empresa con el dinero de papá, pero son casos muy aislados. En España son cada vez más quienes deciden vivir de su propio negocio por necesidad, bien porque se hayan quedado en el paro y anden buscando una salida mediante el autoempleo, o bien porque se hayan arruinado y necesiten comenzar de cero. Ninguno de ellos es millonario.

“Los emprendedores montan empresas para vivir de las rentas mientras explotan a sus empleados”.

Falso. Es muy difícil que una empresa dé beneficios en sus primeros meses de actividad. Algunas incluso tardan varios años en sanear sus pérdidas iniciales. Fíjate en los casos de Toprural, Idealista, o Rentalia. Hoy son compañías de referencia en sus sectores, pero cuando aterrizaron en el mercado sus fundadores tenían unos ingresos por debajo del salario mínimo.

En resumidas cuentas, un emprendedor no es más que alguien que decide montar un negocio, que tiene una idea con la que pretender obtener una rentabilidad y una motivación para vivir de su propio trabajo. Y para eso no hace falta ni volar, ni ser un aventurero, ni tener una cuenta corriente repleta de ceros ni contar con una plaza en Harvard. Lo único que hace falta es valentía y ganas de trabajar.

Emprendedores ‘low cost’: cómo crear una empresa sin poner un euro

Uno de los clichés más extendidos entre quienes dudan si lanzarse a emprender un negocio propio o no es el de que se necesita mucho dinero para montar una empresa. La normativa establece que, tan sólo para constituir una sociedad limitada, es necesario desembolsar un capital social mínimo de 3.000 euros. Y a esta cantidad habrá que añadirle los gastos derivados del notario, el registro mercantil, la compra de mobiliario y materiales… ¿Y qué pasa si no tengo dinero? ¿Me quedo sin poder desarrollar mi negocio? Pues lo cierto es que ni siquiera hace falta tener esos 3.000 euros iniciales para montar la empresa. Ser emprendedor no es una cuestión de dinero y en este artículo vamos a contarte cómo es posible sacar adelante un negocio sin tener que rascarse el bolsillo.

Lo primero que se necesita para montar una empresa, en lo que a los aspectos formales se refiere, es tener una denominación social, lo que viene siendo un nombre o marca. Para ello hay que dirigirse al Registro Mercantil -o entrar en su página web- y solicitar la reserva de dominio. Una vez registrado el nombre de nuestra empresa deberemos acudir a un notario para que valide los estatutos y el objeto de nuestra actividad. Éste es un requisito imprescindible para que la nueva empresa pueda entrar en funcionamiento, pero contrariamente a lo que pueda pensarse no es un trámite caro. Si quieres que el notario te configure unos estatutos a tu medida posiblemente el presupuesto se te dispare, pero la mayoría de sociedades limitadas no necesitan reflejar demasiadas particularidades y casi todas funcionan bajo términos muy similares. Por ello puedes optar por unos estatutos estandarizados cuyo coste no te va a suponer un gran desembolso. Además, existen herramientas que facilitan todo este proceso de forma telemática, como es el caso de TMClick, donde puedes consultar la disponibilidad de una marca en 30 segundos, registrarla en menos de 72 horas y constituir tu empresa sin salir de la web.

Y una vez que tienes los registros al día y has dado de alta tu actividad en Hacienda llega el momento de la verdad: desembolsar el capital social. La normativa establece que tienes que depositar un mínimo de 3.000 euros. Pero… ¿dónde dice que esa cantidad deba ser el metálico? Si no tienes dinero no hay de qué preocuparse, porque puedes capitalizar la sociedad con pagos en especie. ¿Y cómo se hace eso? Pues, por ejemplo, aportando tu ordenador personal y tu impresora -eso sí, valorados a precio de mercado-, o una mesa de escritorio y un sofá, o incluso ese coche de segunda mano que te acabas de comprar, aunque para ello deberás justificar su uso dentro de la empresa y reflejarlo en las escrituras. Y si el local donde vas a realizar la actividad es de tu propiedad, también puedes hacerlo constar como capital social de la compañía.

En definitiva, que no disponer de 3.000 euros en metálico ya no es excusa para no sacar adelante tu idea de negocio. Y si tienes dudas respecto a cómo reflejar estas aportaciones en especie y resolver todos los trámites, recuerda que podemos ofrecerte el asesoramiento que más se ajusta a tus necesidades.