Se habla de la crisis, la falta de liquidez, las dificultades de acceso al crédito y los impagados como las grandes amenazas de cierre para las pymes españoles. Pero en muchas ocasiones detrás del fracaso empresarial se esconden errores en la toma de decisiones por parte de los emprendedores. Y no hablamos de grandes decisiones estratégicas que comprometen los nuevos proyectos de la empresa, sino de fallos en la manera de administrar los recursos de cada negocio que podrían corregirse con un asesoramiento adecuado y un enfoque correcto de lo que es la gestión de una empresa. A continuación os mostramos algunos de los errores más comunes entre quienes ponen todo su esfuerzo en iniciar un negocio, pero ninguno en gestionarlo correctamente:
1- El dinero de mi empresa es mi dinero
Primer gran error de muchos empresarios: considerar que los beneficios del negocio son los del dueño de ese negocio. Es un fallo muy extendido que consiste en no saber diferenciar el patrimonio personal del empresarial. Vale, es cierto que para emprender has tenido que arriesgar tu propio dinero, pero eso no significa que puedas meter la mano en la caja de la empresa cada vez que se te antoje estrenar un coche nuevo. La mejor solución es que tengas separados los gastos familiares de los empresariales y que te pongas un sueldo dentro de tu negocio. Si has tenido beneficios netos al término de cada ejercicio, siempre podrás llevarte un pellizco en forma de primas y bonus definidos por objetivos.
2- Es mi empresa, así que las cosas se hacen como yo diga
Otro fallo que terminará pasándote factura. Aunque la empresa sea de tu propiedad al ciento por ciento, la viabiliad de tu negocio no depende de ti, sino de tus clientes, así que deberás adaptar las pautas de producción y orientar los métodos de trabajo hacia ellos. Pongamos un ejemplo. Si abres un bar en un polígono industrial, probablemente te sea más rentable ofrecer desayunos a las 8 de la mañana y menús del día a las 2 de la tarde que un servicio especializado en cócteles, por mucho que a ti lo que te guste sea preparar mojitos.
3- El hijo de mi primo es informático, así que puedo contratarlo para llevarme las redes sociales
Un error muy típico entre las pymes familiares es considerar el negocio como una agencia de empleo y colocación para la familia. Y no es así. Por mucha informática que haya estudiado el hijo de tu primo, quizás no reúna los conocimientos y competencias necesarios para llevar a cabo con eficiencia la tarea que vas a encomendarle. Colocar a las personas inadecuadas en puestos inadecuados es una de las formas más rápidas de perder competitividad dentro de la empresa.
4- Prefiero pedirle dinero a mis amigos antes que a un inversor que no conozco
Bueno, es cierto que los préstamos procedentes de familiares y amigos son una de las principales fuentes de financiación para iniciar un pequeño negocio, pero no por ello debes obsesionarte con rodearte de gente conocida y tenerle miedo al capital ajeno. Piensa que de lo que se trata no es de trabajar con amigos, sino de trabajar con profesionales, y en España existen fuentes privadas de inversión que llevan años seleccionando proyectos de start-ups en los que invertir. Además, seguro que un amigo no puede darte el acompañamiento en materia de gestión que sí te proporcionará un business angel.
5- Paco es mi amigo de toda la vida, seguro que puedo montar una empresa con él
Es un error similar al del punto anterior. Un buen amigo no siempre es sinónimo de un buen socio. Párate un momento a reflexionar y piensa en todos tus amigos. Seguro que te viene a la cabeza alguno con el que, a pesar de mantener una relación formidable, no te gustaría trabajar a su lado por su tendencia a la dejadez, la vagancia u otros defectos. Recuerda que, en los negocios, las mejores relaciones son las que estableces con los mejores profesionales. Y aunque hayas llegado a la conclusión de que Paco puede ser tu socio ideal, no olvides la necesidad de establecer un pacto de socios.
La diferencia entre una empresa de éxito y otra ruinosa a veces es tan simpe como acertar con el enfoque adecuado para administrar el negocio. Y este enfoque no depende de cómo veas el mercado, sino de cómo es éste en realidad. Adapta tu empresa al mundo real, no a tus gustos personales.




